La leyenda del empresario excelente

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La leyenda del empresario excelente

Hace cinco años Doña Adela Cortina, Catedrática de Ética y de Filosofía Política en la Universidad de Valencia, publicaba un artículo en el diario El País con este mismo título.

Recuerdo que me impactó mucho por varias razones. La primera un título tan bien elegido. Siempre me han atraído las leyendas donde se mezclan hechos naturales y sobrenaturales y se transmiten de generación en generación. He comprobado personalmente que cuando están relacionadas con los empresarios, estos relatos se sitúan de forma imprecisa entre el mito y el suceso verídico, habitualmente más cerca del primero que del segundo, lo que les confiere cierta singularidad.

Tengo grabado, desde hace muchos años, la imagen de una de estas leyendas urbanas sobre un formidable empresario español: el Marqués de Salamanca. De él se decía, como parte del relato oral transmitido, que era tan rico y tan poderoso que encendía la chimenea de su casa con billetes. Esta fue la razón que me impulsó a leer la biografía que Juan González Solano editó en 2014 con el título “El camino de hierro. Retrato del Marqués de Salamanca”. Lo que se describe en el libro es la ambición de un empresario visionario que, entre otras cosas, ayudó a transformar la retrasada sociedad española de mediados del siglo XIX, mediante la construcción de las principales vías de ferrocarril de la España de entonces, haciendo posible la modernización industrial.

Esa leyenda, sin embargo, ha calado en la mente de muchos: periodistas, dibujantes, cómicos,…y ha llevado a que hoy todavía, en pleno siglo XXI se siga representando en las viñetas a los empresarios vestidos de frac, con chistera y ¡encendiendo sus puros con billetes! ¿Nos suena de algo?

Por eso, la otra parte del título, “empresario excelente” me llamó la atención dado que a ojos de la mayoría de la gente eso constituye un oxímoron o contradicción entre los dos términos. En este país, en el que desde pequeños hemos visto toda una iconografía del empresario con chistera, puro o bolsas de billetes, no cabe en la cabeza que un empresario pueda ser excelente.

La inmensa mayoría de los empresarios madrugan mucho, visten como el resto de la población, trabajan más horas que la mayoría, arriesgan su dinero, buscan crear puestos de trabajo remunerados como marca el mercado, hacen todos los esfuerzos por dar a los clientes lo que buscan, o incluso más, pagan a sus proveedores a tiempo y, sin embargo, nada tienen que ver con los puros, las bolsas llenas de dinero, ni la chistera. Además, de crear puestos de trabajo y hacer que el sistema mueva dinero y mercancías, beneficiando con ello a numerosas familias, gracias a su dinamismo, sus ideas y sus innovaciones, demuestran que son capaces de pensar en la sociedad que les rodea.

Cuando son buenos empresarios, y este es el caso de la mayoría, además de preocuparse por el bienestar de sus clientes, de sus empleados, de sus accionistas o socios, también, se preocupan por hacer una sociedad mejor. Y no corrompen a políticos, ni compran a los que fabrican explotando a trabajadores del tercer mundo, ni cometen infracciones con vertidos, ni hacen grandes declaraciones a los medios de comunicación. Hacen una buena gestión.

Se agobian, en cambio, si la tesorería no les permite pagar a tiempo a sus empleados o a sus proveedores, si algo malo les pasa a sus clientes por el uso de su producto o de su servicio, si algún empleado sufre un accidente laboral o doméstico. Estos son los anónimos empresarios, que nunca han tenido nada que ver con la imagen social que los españoles tienen de ellos pero que aun así son juzgados, genéricamente, como explotadores y sin corazón, en las viñetas y chistes de la prensa.

El empresario más emblemático de España, Amancio Ortega, dona 320 millones de euros a la sanidad española para comprar mamógrafos, para conseguir que la población femenina española tenga una mejor asistencia preventiva en el cáncer de pecho, y se encuentra con críticas de un pequeño sector muy politizado, que son amplificadas por muchos medios de comunicación, como si fuese una parte importante de la sociedad española la que rechaza la donación.

En EEUU, las dos empresarios más multimillonarios, Bill Gates y Warren Buffet, han donado respectivamente, más de 37.000 millones de US$ y más de 27.000 millones de US$, dedicando la mayor parte de dichas ayudas a estudiantes y mejoras de equipamientos culturales y educativos, en su entorno más próximo, además de ayudar a millones de personas, en África, a las que se ha vacunado contra la polio, la neumonía, la difteria y han recibido tratamientos contra la malaria y el SIDA.

Para los que conocen el Modelo EFQM, cambian recibir beneficios y repartir dividendos en el criterio 9 por hacer una sociedad mejor en el criterio 8.

Pero hay más, mucho más, que los empresarios están haciendo por mejorar la sociedad en todo el mundo y por ello creo un deber de justicia empezar a hablar más de los “empresarios excelentes” reales, no de leyenda.

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